La muestra ‘Subsoil’, de Onur Gökmen, se exhibe gracias a una Beca Salt
Subsoil (Subsuelo) es la exposición del trabajo realizado por el artista Onur Gökmen, uno de los dos beneficiarios de la segunda edición del Programa de Becas de Investigación y Producción Artística Salt, organizado en colaboración con la Fundación BBVA. La muestra, que estará disponible en el espacio cultural Salt Galata, en Estambul, hasta el próximo 3 de mayo, revisita un episodio de la historia ambiental e institucional de Turquía que en gran medida se ha pasado por alto: la detección de contaminación radiactiva en el té del Mar Negro tras la catástrofe de Chernóbil en 1986.
6 abril, 2026
A raíz de la explosión en la central nuclear de Chernóbil, un equipo de científicos de la Universidad Técnica de Oriente Medio (METU) —incluidos los padres del artista, İnci y Ali Gökmen— realizó un estudio para medir el impacto de la lluvia radiactiva en el té cultivado en la región del Mar Negro. Los hallazgos se recopilaron en un informe y se enviaron a las autoridades pertinentes. Sin embargo, las declaraciones oficiales tendieron a minimizar el alcance de la contaminación y los riesgos para la salud, reflejando la preocupación por la estabilidad económica y social.
En medio de los debates sobre la salud pública y la rendición de cuentas, el informe de la METU acabó filtrándose a la prensa. Si bien la cobertura informativa —que a menudo abordaba el tema mediante imágenes y titulares mediatizados— generó cierto grado de concienciación pública, las respuestas institucionales permanecieron prácticamente inalteradas, incluso mientras el té contaminado seguía en circulación. Declaraciones sensacionalistas —como que “el té radiactivo sabe incluso mejor” o que “un poco de radiación es buena para los huesos”— que ignoraban los efectos de la contaminación radiactiva, junto con imágenes de funcionarios estatales bebiendo té, perduraron en la memoria colectiva. Mientras tanto, el té se convirtió tanto en un testigo material de la radiación imperceptible como en un portador de la ansiedad nuclear.
Al poner en escena tres fragmentos de este importante episodio de la historia nuclear de Turquía, la exposición establece un diálogo entre narrativa y evidencia mediante la mezcla de elementos ficticios y documentales. La primera parte presenta un fragmento espacial de la METU, donde se identificó por primera vez la contaminación en el té, junto con un documental basado en el relato de İnci y Ali Gökmen. Ambientada en un estudio de televisión, la segunda sección refleja las relaciones entrelazadas entre los medios de comunicación, los aparatos estatales y la burocracia. En el centro de esta instalación se encuentra un cortometraje inspirado en las noticias de esa época que mezcla una imagen ficticia del Mar Negro con declaraciones que restan importancia al nivel de material radiactivo en el té. Situada detrás de estos dos decorados, la parte final comprende fotografías que se filtran a través de ellos, capturando los rastros del desastre de Chernóbil en Turquía.
Al rastrear el movimiento de la radiación a través de los sistemas naturales e institucionales, estas tres escenas revelan cómo el daño ambiental —aunque invisible y lento— ha moldeado la salud pública, las políticas y las narrativas sociales. También sugieren que la radiación nunca puede consignarse plenamente al pasado: no pertenece ni a una sola generación ni a una geografía específica. Del mismo modo que la radiación transportada por las nubes y filtrada en la tierra se transmite al presente a través del suelo, las imágenes de este incidente siguen circulando en la memoria personal y colectiva.